Mariano García de Palau: "La cannabis es más segura que muchísimos productos de la farmacia"

Mariano García de Palau es médico cirujano graduado en la Universidad de Barcelona en 1979. Con casi cuatro décadas de experiencia en urgencias y medicina laboral, su trayectoria cambió de rumbo hace más de 14 años cuando comenzó a investigar el sistema endocanabinoide. Fundador de la clínica Kalapa en Barcelona y consultor senior del grupo Curativa en Colombia, es una de las voces más respetadas en el ámbito del cannabis medicinal en el mundo hispano. En esta conversación con Cannabitácora, García de Palau reflexiona sobre la seguridad del cannabis, la industria farmacéutica, la formación médica y las nuevas formas de entender la salud.
Punto de encuentro con al cannabis para la salud
– ¿Cómo fue tu primer encuentro con la planta de cannabis y qué te llevó a estudiarla en profundidad?
Durante años trabajé como médico de urgencias y cirujano en el ámbito laboral en España. Cultivaba cannabis desde hacía tiempo y me sorprendió su complejidad química. Cuando descubrí su potencial terapéutico, entendí que la medicina tradicional estaba dejando vacíos que la planta podía ayudar a llenar. Ese interés se convirtió en una crisis profesional y luego en una vocación.
– ¿Qué te hizo cuestionar la medicina tradicional y acercarte a terapias basadas en cannabis?
Me di cuenta de que la polimedicación es hoy una de las principales causas de muerte en el planeta. La industria farmacéutica produce, investiga y vende sus propias moléculas sin control real. El sistema sanitario limita el tiempo de atención al paciente y convierte al médico en un mero prescriptor. El cannabis me devolvió la posibilidad de escuchar, acompañar y tratar desde otra lógica.
- ¿Cómo se vincula el cannabis con la medicina laboral y la calidad de vida de los trabajadores?
Creo que el cannabis tiene mucho para aportar en el ámbito laboral, especialmente en el manejo del dolor y del estrés crónico. He tenido pacientes que pudieron continuar trabajando mientras mejoraban con tratamientos bien dosificados. Si se aprende a usar correctamente, la planta puede ser una herramienta segura y eficaz. El problema no es el cannabis, sino la desinformación.


Formar profesionales contra la desinformación sobre cannabis medicinal
– Mencionás la desinformación como un obstáculo. ¿Por qué sigue costando tanto que la medicina acepte al cannabis?
Porque la formación médica está diseñada para producir prescriptores, no investigadores críticos. Muchos profesionales no salen de su zona de confort, incluso cuando las terapias convencionales fallan. Los opioides y las benzodiacepinas siguen causando enormes daños, y aun así se recetan con normalidad. El miedo al cannabis es un reflejo del desconocimiento.
– Decís que el cannabis es más seguro que muchos productos farmacéuticos. ¿A qué te referís?
A que los efectos adversos del cannabis son mínimos comparados con los de fármacos de uso cotidiano. El paracetamol o el ibuprofeno pueden ser más tóxicos, y aun así nadie los cuestiona. La paradoja es que se podrá conseguir cannabis medicinal solo en farmacias hospitalarias, mientras los opioides se venden en cualquier farmacia. Eso revela una lógica más política que científica.
– Hoy vivís en Colombia y seguís investigando. ¿Qué te entusiasma de las nuevas líneas de trabajo?
Estoy enfocado en las formulaciones liposomadas, que mejoran la absorción y reducen el desperdicio. La mayoría de los aceites de cannabis aprovechan solo el 20% del principio activo. Con emulsiones hidrosolubles y micelas, podemos lograr eficacia con menos dosis y mayor seguridad. Ese es el futuro: combinar ciencia, accesibilidad y respeto por la planta.
– Hablás del cannabis con una mezcla de rigor y emoción. ¿Qué papel juega la sensibilidad en tu práctica médica?
La medicina también es arte. La música, la risa, la empatía… todo eso cura. La risa, por ejemplo, es una herramienta terapéutica maravillosa. Hay pacientes que la evitan por miedo al efecto psicotrópico, cuando en realidad puede ser una señal de bienestar. El cannabis, bien usado, puede devolver alegría y humanidad al tratamiento médico.
– ¿Cómo ves el futuro del cannabis medicinal en España y Latinoamérica?
Soy optimista. Cada país avanza a su ritmo, pero la evidencia ya es imposible de ignorar. Lo importante será garantizar el acceso con justicia, sin monopolios, sin que la industria capture lo que las comunidades construyeron. El cannabis medicinal tiene que seguir siendo un puente entre ciencia y humanidad.
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