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Cannabis medicinal en Tierra del Fuego: regular en el fin del mundo

Cannabis medicinal en Tierra del Fuego: regular en el fin del mundo

En Tierra del Fuego, donde el invierno acorta los días y el verano parece no dormir nunca, el cannabis medicinal avanza a contraluz. Camina como se camina en la isla: con planificación, abrigo y una atención obsesiva a cada detalle. Y la reciente reglamentación del Programa Provincial de Cannabis Medicinal, a través del Decreto Provincial 2605, marca un nuevo hito en ese recorrido. Según explicaron desde la Patagonia a Cannabitácora, es la consolidación de una política sanitaria que lleva años gestándose y que hoy busca ordenar, cuidar y ampliar derechos en uno de los territorios más australes del país.

Un programa de cannabis que nació antes de estar escrito

“El programa nació hace unos cinco años, con la intención de adecuar una ley provincial a la 27.350”, cuenta Maximiliano Gambuli, licenciado en Trabajo Social y referente del Programa Provincial de Cannabis Medicinal fueguino, durante su paso por el aire de Cannabitácora a fines de 2025.

Primero fue la Ley Provincial 1277, luego su modificación mediante la 1367, y ahora el paso clave: la reglamentación definitiva. Un proceso que no empezó en un escritorio, sino en el contacto directo con las personas usuarias, las organizaciones sociales y los equipos de salud.

Hoy, el corazón operativo del programa es el consultorio canábico, un espacio interdisciplinario donde el eje no es el producto, sino el vínculo con el usuario. “Ahí se construye la práctica”, explica Gambuli.

Calidad, trazabilidad y una decisión política clara

Uno de los puntos más singulares del modelo fueguino es su apuesta por el control de calidad. En el laboratorio de salud pública de la provincia funciona un cromatógrafo HPLC, una herramienta clave para analizar aceites elaborados por ONG y organizaciones de la sociedad civil.

“Sin información no hay posibilidad de empoderar a los sujetos. Pasa en otros ámbitos y se respeta cuando hablamos de cannabis medicinal”, dice Gambuli.

Los resultados se cargan en una base de datos y se utilizan en la consulta médica para orientar tratamientos, dosis y expectativas. En el camino, aparecieron sorpresas: aceites que no contenían cannabinoides, productos vendidos en internet que eran, literalmente, aceite de oliva.

Cultivar cannabis en frío extremo

Producir cannabis en Tierra del Fuego no es sencillo. El clima extremo, las variaciones térmicas y los ciclos de luz obligan a que la producción sea completamente indoor. En invierno, el sol aparece cerca de las nueve de la mañana y se despide a las cuatro de la tarde. En verano, la luz parece no apagarse nunca.

Gambuli lo explica con una imagen potente: cultivar en la isla es como mantener un jardín en una estación espacial. Todo debe ser controlado: luz, temperatura, tiempos. El resultado, paradójicamente, son flores y aceites de altísima calidad.

Sin embargo, y como en casi todo el país, las idas y venidas del REPROCANN aparecen como una traba recurrente. A eso se suma una dificultad propia del territorio: el recambio permanente de profesionales de la salud, que obliga a formar equipos una y otra vez.

La distancia también pesa. Capacitarse implica salir de la isla, tomar un avión, invertir tiempo y recursos. Aun así, gran parte de quienes integran el programa cuentan con diplomaturas en cannabis medicinal, construyendo saber en red, incluso desde el fin del mapa.

Los aceites que circulan llegan desde distintos lugares: Chile (especialmente Punta Arenas), Córdoba, Buenos Aires, Mar del Plata. 

Cannabis para tratar problemas de sueño y dolor crónico

Siempre según explicaron desde el programa patagónico, el 80% de sus consultas proviene de personas mayores de 60 años. Dolor crónico, dolores generalizados, ansiedad e insomnio encabezan el listado. En pediatría, aparecen la epilepsia refractaria y el autismo.

Este perfil obliga a pensar estrategias específicas, especialmente para adultos mayores, un grupo históricamente relegado del debate sobre cannabis y que hoy aparece como protagonista.

Maximiliano Gambuli, referente del Programa de Cannabis Medicinal de Tierra del Fuego.

Pie de foto: Maximiliano Gambuli, referente del programa estatal de cannabis fueguino. 

“No hay forma de pensar políticas sanitarias sin la sociedad civil”, afirma Gambuli e insiste en que las organizaciones sociales son parte estructural del programa. Allí donde el Estado no llega, las organizaciones sostienen, producen, acompañan y escuchan.

En Tierra del Fuego, el cannabis medicinal avanza así: paso a paso, con frío, con viento, pero con una convicción clara. Regular no es frenar, es cuidar. Y en el fin del mundo, cuidar también es una forma de hacer camino.

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