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Diego Cruz: “La cannabis no solo cura cuerpos, también repara miradas”

Diego Cruz es médico cirujano formado en la Universidad de Santiago de Chile y máster en Medicina de Montaña por la Universidad de la Insubria, en Italia. Con una trayectoria marcada por la atención clínica y el acompañamiento de pacientes en contextos complejos, Cruz integró la Fundación Daya, pionera en el uso terapéutico de la cannabis en América Latina. Desde hace más de una década, acompaña procesos de salud que desafiaron los límites de la medicina tradicional. Su testimonio atraviesa la historia reciente de la cannabis medicinal en Chile, entre conquistas, retrocesos y la búsqueda de una regulación con derechos.

Orígenes de una práctica con cannabis

– ¿Recordás cuándo y cómo te conectaste con la planta por primera vez?

Tuve acercamientos desde lo popular, en la juventud, pero ya en la carrera de medicina tuve mi primer encuentro profesional con una paciente Rapa Nui con cáncer de pulmón metastásico. Ella ya usaba cannabis y le ayudaba a sobrellevar una condición muy agresiva. Eso me marcó y abrió un camino que luego se volvió parte de mi vida profesional. 

– Has trabajado muchos años con infancias. ¿Cómo fue incorporar la cannabis en tratamientos pediátricos?

Fue un desafío enorme. Mis primeros pacientes eran niños con parálisis cerebral y epilepsia. Eran casos complejos, con muchos medicamentos y pocas respuestas. El miedo inicial a usar THC en niños fue reemplazado por asombro al ver mejoras reales en calidad de vida. La planta respondió donde no había respuestas, y eso transformó mi forma de entender la medicina.

Formación de profesionales en salud con cannabis 

–¿Cómo es la formación en Chile para los profesionales de la salud que quieren trabajar con cannabis? 

Aún es principalmente autogestionada. Existen diplomados, como el de la Universidad de Santiago, pero la mayoría de los médicos se forman en cursos internacionales. El posgrado de Rosario –NdR: Cruz es docente del Curso de Posgrado - Abordaje integral de la planta de cannabis que se realiza en la Universidad Nacional de Rosario junto a AUPAC–, por ejemplo, ha sido un espacio de referencia y calidad para toda la región. 

- Chile fue uno de los primeros países en la región en impulsar fundaciones como Daya. ¿Qué lugar ocupa hoy esa historia?

 Fundación Daya marcó un antes y un después, pero hoy atraviesa un momento difícil. Solo acompaña a pacientes judicializados, ya que el área clínica tuvo que cerrarse. Fue un espacio esencial en la historia de la cannabis en América Latina, con un espíritu comunitario y pionero que aún inspira a muchos profesionales.

 –¿Cuáles son hoy tus principales intereses de investigación o aplicación clínica?

 Me interesa mucho el uso de cannabis en poblaciones vulnerables, como personas en situación de cárcel, y en condiciones como la asfixia neonatal. También me obsesiona la necesidad de desarrollar herramientas diagnósticas del sistema endocanabinoide, algo clave para personalizar tratamientos y avanzar con rigor científico.

 – ¿Cómo ves la situación actual de las políticas públicas de cannabis medicinal en Chile?

 Se avanzó mucho en legislación, pero falta aplicar los reglamentos. Hay leyes sin marco operativo, y todavía persisten prejuicios. El problema es estructural: sin educación judicial y médica, la protección legal no se traduce en práctica real. Hablar de cannabis en Chile sigue siendo para muchos un tema de élites, cuando en realidad atraviesa todas las clases sociales. 

– ¿Qué opinás sobre el debate entre los extractos de espectro completo y las moléculas aisladas?

Yo trabajo con full spectrum. Veo mejores resultados, más seguridad y menores dosis. No rechazo la monomolécula, pero la fitoterapia incomoda a la ciencia tradicional porque no es estable ni predecible. Sin embargo, ahí está su riqueza: en la posibilidad de personalizar el tratamiento y comprender la salud de forma integral.

 – Sos máster en medicina de montaña. ¿Cómo se conecta esa especialidad con tu práctica actual?

La medicina de montaña me enseñó a trabajar con pocos recursos, a valorar lo esencial. En condiciones extremas, uno entiende que la salud no depende solo de la técnica, sino del vínculo y la empatía. Esa mirada se trasladó a mi trabajo con cannabis: acompañar, sostener, improvisar cuando hace falta, pero siempre desde el respeto al cuerpo y su entorno.

 – ¿Qué mensaje le dejarías a quienes se inician en este camino?

Que estudien, que escuchen y que se atrevan. La cannabis medicinal no solo cura cuerpos, también repara miradas. Y aunque el camino siga lleno de trabas, vale la pena. Porque al final, lo que hacemos es acompañar a las personas a recuperar su bienestar y su dignidad.

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Nuestro contenido tiene fines exclusivamente periodísticos, informativos y educativos. No brindamos atención clínica ni hacemos diagnósticos. Si estás atravesando una situación de consumo o acompañando a alguien que la transita, te recomendamos acudir a profesionales capacitados y dispositivos de atención cercanos. +INFO