El consenso de Viena empezó a romperse: qué dejó la CND 2026
Entre el 9 y el 13 de marzo, Viena fue sede del 69° período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes (CND) de Naciones Unidas, el principal espacio global donde se discuten y definen lineamientos sobre políticas de drogas.
Más de 2.200 representantes de gobiernos, organismos multilaterales, sociedad civil y especialistas debatieron sobre la evolución del llamado “problema mundial de las drogas”, la cooperación internacional y la clasificación de nuevas sustancias. Durante la sesión, además, se avanzó en el control internacional de tres nuevas sustancias psicoactivas y se aprobaron resoluciones vinculadas a reducción de daños, cambio climático y revisión normativa.
Desde Cannabitácora fuimos a buscar la palabra de Silvie Ojeda, experta en comunicación estratégica, derechos humanos y reforma de políticas de drogas, para analizar qué impacto político real tiene esta nueva etapa y si estamos frente a un cambio de paradigma a nivel mundial. ““El consenso de Viena empezó a romperse”, dijo Ojeda.
—Vimos reportes sobre la ruptura del consenso tradicional por una resolución de Estados Unidos que introduce oficialmente el concepto de reducción de daños. ¿Qué impacto político real tiene este cambio?
– Lo que hemos visto en la CND no es un cambio radical, sino un proceso lento que comenzó hace dos años cuando se rompió el consenso de Viena. Tradicionalmente, las resoluciones se aprobaban siempre por consenso. Sin embargo, previo al actual gobierno de Trump, Estados Unidos presentó una resolución introduciendo la reducción de daños, lo que generó una ola de transformación. Esto ocurrió en paralelo al proceso de incidencia de Colombia para cambiar el enfoque punitivista y prohibicionista.
—¿Qué otros movimientos importantes viste dentro de esta sesión?
– El consenso se rompió por la necesidad de Estados Unidos de enfrentar su crisis de sobredosis, con 120.000 muertes al año. Colombia, por su parte, avanzó en dos vías: sacar la hoja de coca del marco prohibicionista y revisar el marco normativo internacional. El año pasado, Colombia pidió un panel de expertos para esta revisión y lo que vemos este año es la elección de ese panel de 19 expertos.

Silvie Ojeda.
Una CNA más progresista
—¿Cómo definís hoy el perfil político de la CND?
– Es una CND más progresista, a pesar de que el gobierno de Trump y Argentina han intentado bloquear conceptos como enfoque de género, desarrollo sostenible y reducción de daños. Al quedar solos en ese bloqueo, han permitido que otras resoluciones avancen por mayoría. Junto a la resolución de Colombia, se aprobó una de Brasil para revisar la relación entre cambio climático y drogas. Estamos viendo una apertura liderada en gran parte por la sociedad civil.
—Colombia logró el respaldo de 61 países para solicitar la revisión del marco legal de la hoja de coca. ¿Qué expectativas hay sobre una posible desclasificación?
– El presidente Gustavo Petro ha liderado la intención de entender que la hoja de coca es una planta ancestral diferente al clorhidrato de cocaína, con usos medicinales y cosmogónicos.
Colombia hizo la petición de desclasificación, pero la OMS, desde una perspectiva que considero muy colonial y sin tener en cuenta las dimensiones culturales, concluyó que debía mantenerse en la clasificación actual.
Fue muy desafortunado. Sin embargo, el comité de 19 expertos que revisará los marcos normativos generales podría poner de nuevo en perspectiva la desclasificación de la hoja de coca en el futuro.
—La ONU también alertó sobre el desvío de precursores químicos, el fentanilo y nuevas sustancias diseñadas con inteligencia artificial. ¿Qué acciones se están pensando?
– La CND sigue siendo una institución paquidérmica y lenta. El ritmo de creación de sustancias sintéticas es mucho más rápido que el de fiscalización. Para cuando la OMS estudia una sustancia y la CND la clasifica, esta ya suele estar muy extendida en mercados ilegales, incluso en la dark web usando criptomonedas. Esto evidencia que es necesario cambiar el enfoque prohibicionista, pero el debate aún no llega al punto necesario.
—¿Cuál es tu lectura política de fondo sobre este momento?
– Mi llamado final es entender que estamos llegando al final de una política de drogas que solo ha incrementado la militarización y la criminalización de poblaciones vulnerables y racializadas. Es momento de entender las sustancias de forma factual, alejarnos de la prohibición y exigirle a la ONU que se abra a nuevas dinámicas para acabar con la fracasada guerra contra las drogas.
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