Fernando Brizuela: "El monstruo es el miedo que construimos alrededor del cannabis"
Hay artistas que trabajan con imágenes bellas y otros que prefieren meterse en zonas incómodas. Fernando Brizuela pertenece claramente al segundo grupo. En la muestra “Polillas, lo negro y monstruos de marihuana” que estuvo a fines de 2024 en el Centro Cultural Contra Viento de Rosario, el cannabis aparece transformado en criatura, en paisaje y en espejo de un miedo social construido durante décadas. En esta charla con Cannabitácora, Brizuela recorre el origen de sus monstruos, su vínculo con la botánica y el cultivo, la experiencia de haber trabajado con León Ferrari y su mirada sobre las plantas.
—¿Cómo empezaste a construir estos monstruos?
— Hay una relación bastante literal entre lo monstruoso y el paradigma que durante mucho tiempo asoció a la planta con una situación ominosa y amenazante. Al principio los pensaba como espantapájaros, algo puesto para asustar, basado en estructuras simbólicas muy propias del siglo pasado. Es mi primera muestra individual en Rosario y el hilo conductor es “lo negro”, que también atraviesa mi serie actual de polillas, Vuelos nocturnos. Además, mi obra encajó muy bien con la programación 2024 del centro cultural, que estaba enfocada en los cruces entre arte y narcotráfico.
— En paralelo a estos monstruos, venís trabajando hace años con estudios botánicos. ¿Cómo se conecta eso con el cannabis?
— Trabajo con cannabis desde 2011. Tengo una serie de estudios botánicos en acuarela donde me coloco en el lugar de un pintor viajero de los siglos XV o XVI, esos que registraban especies con mucho realismo antes de que existiera la fotografía. Me interesa esa mirada científica, casi ingenua, aplicada a una planta que hoy sigue cargada de prejuicios.

— En los monstruos aparece mucho la ironía. ¿Qué lectura te interesa provocar?
— Hay una ironía clara. El usuario recreativo puede ver que ahí no hay peligro, pero quien tiene prejuicios ve al monstruo como ese “cuco” asociado al deterioro, a la vagancia, a la amenaza. Es una construcción que viene de la ignorancia. Incluso algunos monstruos tienen moho, que para cualquier cultivador es un horror absoluto, pero que para alguien ajeno pasa desapercibido.
— Técnicamente, son piezas muy particulares. ¿Cómo es el proceso y el trabajo con la escala?
— Trabajo con flores y hojas reales, restos de manicura de clubes de cultivo o de amigos. Las figuras miden alrededor de cincuenta centímetros, pero les agrego árboles en miniatura de uno o dos centímetros en la espalda o en la cabeza. Eso arma un paisaje en miniatura: si esos arbolitos fueran árboles reales, el monstruo tendría unos veinte metros de altura.
— ¿Cómo resolviste el problema de la conservación de la materia vegetal?
— Al principio las flores se degradaban muy rápido, se convertían en pasto seco en pocos meses. Entonces desarrollé una técnica propia donde plastifico y pigmento la materia vegetal. De esa manera el color y la forma se mantienen estables. Siempre aclaro algo importante: estas flores no se pueden fumar. Al estar plastificadas serían perjudiciales y provocarían un gran dolor de cabeza.

Cannabis, cultivo y la experiencia junto a León Ferrari
— En tu recorrido aparece una experiencia fuerte: haber trabajado con León Ferrari. ¿Qué significó eso para vos?
— Lo conocí en 2008, cuando él exponía en el Centro Cultural Recoleta. Me convocó para armarle acuarios con animales vivos porque yo sabía de peces: axolotes, pirañas. Pegamos muy buena onda y terminé trabajando varios años en su taller. León era un artista descomunal y una persona desmesuradamente generosa, con un espíritu muy libre y coherente. Cuando murió sentí que me faltaba esa alegría cotidiana, y ahí decidí poner todavía más énfasis en mi propia producción.
— ¿Cómo es tu vínculo personal con el cannabis y el cultivo?
— Empecé a consumir recién a los 53 años, de manera recreativa y muy eventual. No me considero un gran consumidor, sino un gran cultivador. Me fascina la germinación, la botánica, ver cómo crecen las plantas.
— ¿Tenés alguna planta “maestra” o preferida?
— Me atraen mucho las plantas que contienen alcaloides o que son psicoactivas, como el estramonio o los cactus alucinógenos. Le tengo un cariño especial a un floripondio triple, una flor dentro de otra, que traje de Estados Unidos. Pero al mismo tiempo le tengo mucho respeto y desconfianza al consumo de floripondio, porque es muy difícil calcular la dosis y es fácil pasar de algo recreativo a un viaje profundamente traumático.
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